A los "frutos" recogidos en nuestro paseo otoñal, hemos sumado almendras que me han regalado mi madre y mi padre de un viaje.
¡Qué acertado estaba quien dijo que la experiencia es un grado! Esta segunda vez, ya sabían la mecánica, a lo que se enfrentaban y de qué iba esta actividad, lo que les ha hecho desarrollarla con otro interés y se han organizado ellos solitos, casi no me han necesitado. Cierto es que han repetido parte de lo hecho el día anterior, pero es normal que recurran a lo conocido.